RIDEFORHER.ORG

27.11.2019 17:06

Si os decimos que hay un monstruo que viene a buscar a una de cada 8 mujeres en España,

Que sólo en el 2018 apreció por primera vez en la puerta de 32.825 mujeres,

Si os explicamos que nadie se libre de su posible visita pero que a partir de los 35 años es cuando más has de vigilar la puerta, sobre todo en la época de menopausia…

Seguro que la mayoría de las personas, y todas las mujeres, sentirían un escalofrío por la espalda.

Eso sí, os diremos también que hoy un 85% de las veces que aparece el monstruo lo vencemos.

Y que muchísimos y muchísimas luchan diariamente y de forma incansable por conseguir llegar al 100% de victorias.

Pero por muchas personas que sean, debemos ser más. Debemos de hecho, ser TODOS Y TODAS.

A estas alturas es probable que hayas reconocido al monstruo, es el Cáncer de Mama. Una patología que a todas nos ha tocado, si no a una misma muy cerquita, una hermana, amiga, compañera, madre. En mi caso fue mi tía.

Hace muchos años. Me dejó un aprendizaje que no podré olvidar. Como cada una de las mujeres de mi familia. Éste sin embargo lo llevo grabado a fuego. Recuerdo la operación de urgencias, recuerdo que no solucionó nada, recuerdo la segunda operación en pocos días. Recuerdo la extirpación de pecho. Recuerdo el tratamiento, la quimioterapia. Su hijo era pequeño y ella intentaba parecer siempre fuerte. No era sencillo. Además de ésta la salud mental también la rondaba para ponerle el camino complicado. Sin embargo, cuando yo la veía nunca la vi mal. Jamás. Recuerdo que se compró una peluca, (recuerdo elegir unos años después la de mi abuela por su cáncer de útero), recuerdo que se compró ropa interior con un bolsillo donde ponía la prótesis de silicona.

La recuerdo siempre fuerte. Siempre sonriendo. Bromeaba con ello y siempre nos transmitía que todo iba a ir bien. Y fue bien.

Hoy soy mayor, ya no soy una niña, y me planteo cómo tuvo que ser para ella la experiencia. Como tuvo que ser el recepcionar la noticia con un pequeño que había tardado tanto en llegar y que por fin correteaba por la casa. Cómo tuvo que ser ver su cuerpo diferente y sentirse distinta a lo que alguien le enseñó que era una mujer completa, máxime en una cultura de la cosificación y de la imagen con referentes tan insanos como irreales a la par que siempre uniformes.

No puedo ni hacerme una idea del miedo, el dolor, la angustia, la impotencia que debió vivir en tantos momentos. Y probablemente la incertidumbre de qué iba a pasar. No imagino cómo debe ser vivir con ello.

De esto hace décadas. Hoy, en 2019 creo que en mi caso temo menos al monstruo.

Primero por que sé que debo prevenirlo, dispongo de información a mi alcance para poder tomar decisiones tales como revisarme periódicamente, no tener hábitos negativos para mi salud, sé que el tabaco y el alcohol son sólo una costumbre social antigua de la que puedo prescindir digan lo que digan los usos sociales, sé que debo estar pendiente de mi pecho y de mi cuerpo en general y no menospreciar cualquier síntoma o señal que me dé, etc.

Segundo porque sé que hoy hay muchísimos tratamientos distintos y que las probabilidades de superar la enfermedad son mayores. Hay muchas investigaciones en marcha y muchas otras que nos han aportado ya informaciones claves para la prevención, pero también para el tratamiento de esta enfermedad.

Tercero porque hoy las mujeres, feminismo mediante, hemos caminado y caminamos juntas por fin, en sororidad, hacia un objetivo de igualdad entre sexos y géneros, un camino que nos permita un desarrollo personal a todos los niveles respetando nuestra individualidad y un camino que rompe con estereotipos haciéndonos replantearnos qué es ser una mujer contra que es lo que el sistema quiere o nos vende que debe ser una mujer. Por ello, mi esclavitud es menor y mis posibilidades muchas más ya que la única ruta heteronormativa se ha desdibujado en lo que comienza a ser ya una senda enorme, donde todas cabemos y que nos ayuda a preocuparnos de lo importante y no de lo superficial.

Cuarto por que el mundo comienza a tomar conciencia de la salud de una manera más amplía y poco a poco una de las ramas más importantes e imprescindibles para estar bien, sano y feliz es por fin valorada. O al menos comienza a serlo por muchas personas. La salud mental, el trabajo de apoyo, acompañamiento, gestión de las situaciones, conocimiento de nuestras emociones, tratamientos en casos necesarios, terapias conductuales que rompan con automatismos que nos dañan… son claves para enfrentar todos los monstruos que se nos vengan, dentro de una misma o en otra persona.

Y así muchos otros puntos que hacen que sepa que hoy yo enfrentaría mi monstruo con un abanico amplísimo de ayudas que la guerrera de mi tía, la guerrera de mi abuela, etc. No tuvieron.

Pero si bien yo dispongo hoy de todo lo anterior es quizás también a la “fortuna” de haber visto muchos monstruos alrededor y haber tenido que echar alguno ya de mi misma. Incluso de convivir un bichillo que me acompañará para siempre y que me enseñó por ejemplo lo clave que es trabajar aquello que no se ve.

Muchas personas no han tenido mis experiencias y es quizás por ello que a día de hoy aun nos queda muchísimo por hacer.

Entonces llegan personas como las que participan en #rideforher y nos sentimos afortunados y vemos en sus símbolos, gestas e intenciones una luz que ilumina la vida de muchas, muchísimas personas, particularmente mujeres, que luchan contra el cáncer de mama.

La batalla es ardua y el resultado incierto. Pero siempre es más difícil luchar sola que con un ejército. Personas que te tomen la mano. Que te ayuden a buscar caminos cuando vez solo puertas cerradas. Personas que sonrían contigo y que lloren contigo.

Personas que colaboran a que no sólo tu monstruo si no todos puedan ser derrotados apoyando y financiando la investigación y a los equipos profesionales que pueden hacer posible que por fin algún día se gane la guerra.

En un mundo donde cada cual mira su ombligo y el dinero está en el centro de todo. Donde nos han convencido de que valemos por lo que tenemos, por lo que producimos o la riqueza que generamos. Un mundo donde las vidas son lo de menos y se sacrifica lo que sea en pos de una cifra en una macroeconomía que no entendemos y no alcanzamos ni nos alcanza, pero que de algún modo nos han convertido en esclavos de sus idas y venidas. Donde nos parece totalmente lógico priorizar la inversión que genera dinero a la inversión que genera vida y por ello riqueza. En ese mundo, que haya personas como las que participan, forman o apoyan a #rideforher que nos ayuden a poner la vista en el problema para que podamos reflexionar qué hacemos y cómo para solucionar esta pelea entre el cáncer y nosotros, es no sólo precioso si no imprescindible.

Su fuerza, iniciativa e inagotable energía debiera hacernos pensar por ejemplo cómo ejerzo el poder social que tengo y cuando se me pide opinión qué valoro y por qué. Pero mientras llega ese momento en que comencemos a dejar de ser un nombre, una bandera o un símbolo cual fuere para reconocernos como personas iguales en derechos y deberes, pero sobre todo iguales como seres sintientes e inteligentes vivos y con legítima dignidad está en nuestra mano transmitir lo que vamos aprendiendo, ayudar como podemos y colaborar con lo que nuestras circunstancias nos permitan.

#rideforher hace todo ello y abarcando todo lo que la lucha contra el cáncer comporta nos pide hoy que alcemos la voz, compartamos pedaladas y aportemos en la medida de lo posible a la investigación para luchar contra esta lacra.

El 21 de diciembre #rideforher

Y antes y después del 21 también.

Por que ella es yo, yo soy tú y tú eres todas.

JUNTAS MÁS JUNTAS MEJOR