LAS COSAS POR SU NOMBRE

16.08.2019 17:03

Hoy he ido a entrenar. Hace un tiempo que retomé rutinas y he conseguido salir con la ilusión de siempre y más tranquilidad que nunca.

No suelo tener sustos con la bici. Creo que una vez me rozó una furgoneta y otra se me cruzó otra bici.  

23 años en el ciclismo en los que jamás he tenido problemas. Me siento seguro. Tengo amplia experiencia y, gracias a ella, un amplísimo catálogo de recursos para usar cuando lo necesito. Obviamente me puedo despistar y no soy perfecto como cualquier ser humano. SIn embargo intento mantener unos mínimos:

Jamás, NUNCA, me subo en una bicicleta habiendo tomado alcohol. Absolutamente nada, ni una gota. De hecho, hace meses, muchos, que no necesito de esa creencia social para relacionarme en ninguna situación.

Visto de colores llamativos y en las partes más importantes teniendo en cuenta el biomovimiento, las que ayudan a que les demás usuarios de la bici me vean: pies y piernas, el fucsia y el rojo, colores muy visibles y vivos, son los colores de calcetines y zapatillas.

Mi casco es amarillo fluorescente.

Nunca salgo sin comer ni hidratarme correctamente a entrenar. Además de que llevo siempre lo necesario para poder completar la ruta prevista tanto en bolsillo como en bidones.

No improviso los entrenamientos. Los pienso y planifico de modo que pueda manejarme de forma lo más segura posible una vez en marcha.

Me paro en cada semáforo. Hago caso a todas las señales. Llevo la velocidad adecuada.

Y aun así hoy, en la Carretera de Rubí he tenido una experiencia tremenda.

En un lugar con sobrado espacio me ha ido a adelantar un vehículo. Un A3 creo recordar. Azul.

Una pareja que calculo que no pasaba de los 30 años cada uno. Él conducía y ella iba de copiloto.

Ésta última baja la ventanilla y mirándome con ira me suelta: “TODOS LOS CICLISTAS OS TENDRÍAIS QUE MORIR”.

Han acabado el adelantamiento y se han marchado.

Y ya no puedo más.

Ya no puedo más, no con los conductores de coches ojo. No puedo más con el ambiente de odio e ira que nos rodea.  

¿Qué lleva a alguien a desearle la muerte a una persona que no conoces en absoluto?

¿Qué poder te da derecho a insultar, menospreciar, ningunear… a otra persona?

No hace tanto tiempo atrás un ciclista al que le pedí que no se saltara los semáforos de la ctra. De Matadepera de Sabadell dirección Terrassa me llamó niñato entre otras lindezas, obvio ésta es la más suave.

He visto motoristas que te insultan llenos de odio en la carretera de Calders por que les molesta que vayas subiendo cuando están en una carrera bajando.

Así que no se trata de un colectivo. Se trata de que cada vez hay más y más personas que respiran odio y rencor. Cada vez aquel pensamiento tan nuestro de: “yo soy la ostia y tú eres un gilipollas” se está radicalizando más y más.

Cada vez hay más ellos y nosotros. Votantes de un partido u otro. Seguidores de un equipo o de otro. Usuarios de un medio de transporte u otro. Personas con un tono de piel u otro. Personas que profesan una fe u otra. Tú contra mí. ÉL contra ti. Yo contra todas.

Contra. Ellos y nosotros…

Ya no puedo más.

No nos mata un conductor borracho. Nos mata un sistema que legitima el consumo de alcohol social incluso cuando está prohibido. Nos matan todos los que beben cuando van a conducir.

Grupos. Divididos. Siempre enfrentados.

Pero no tenemos más derecho que quienes deciden vivir, pensar o moverse de forma diferente. Tenemos los mismos. Odiarnos es la elección que hacemos a nivel individual en lugar de tolerar, respetar e integrar.

No hay excusa, ni medios, ni películas, ni grupos de amistades… no hay excusa. Odias por que quieres. Muchas veces por miedo a lo distinto, otras sólo para desquitarte de esa extraña teoría por la cual tus derechos están siendo robados en pos de otras personas.

Tus derechos no te los están quitando. Nadie puede. Tus derechos son tuyos. Tú los ejerces. Así que deja de buscar enemigos fuera y pregúntate cómo y por qué has llegado a sentir dentro de ti tanta oscuridad.

Más que nada, por que la oscuridad se contagia. Se contagia sin frenos. Es una nube que se alimenta de nosotros y crece y nos envuelve tanto que dejamos de ver a quien está delante. A esa persona que es igual que tú. Exactamente igual. Por más cosas que os diferencien.

Ha habido grandes hombres y grandes mujeres que han luchado a lo largo de la historia y luchan aun hoy por un mundo de paz y seguridad para todes. Son personas de todas partes, ideología, etc... Una cosa tienen en común: ALZARON LA VOZ y lograron con ello que otras personas reflexionasen y se planteasen que las cosas podían ser de otro modo.

No escribo hoy para criticar o aumentar el odio en nuestras carreteras. Escribo para poner el foco en que lo que hay en nuestras carreteras, ciudades, pueblos… es un gravísimo problema de odio, miedo, egoísmo mal entendido e irresponsabilidad de las instituciones que nos rodean.

¿Queremos carreteras/rutas seguras? Limpiémosla de lo que la ensucia, y no somos nosotres.