LA ALIMENTACIÓN, UN INSTINTO PRIMARIO

11.02.2012 19:12

 

LA ALIMENTACIÓN, UN INSTINTO PRIMARIO

 

Comer es una necesidad básica de todos los seres humanos.

Es además uno de los grandes placeres de la vida.

 
 
Es por ello que la alimentación debemos valorarla en toda su amplitud como un necesidad de supervivencia pero también como un recurso para potenciar nuestra felicidad, tranquilidad y autoestima, así como una importante herramienta para conseguir mejorar nuestro rendimiento energético y deportivo.
 
El alimentarse es pues, para los seres vivos, un instinto primario que les permite equilibrar sus necesidades de energía con la alimentación y el descanso.
El secreto no está en comer sin parar, sino en comer lo que se necesita y dormir suficientes horas para dar tiempo al cuerpo a que asimile los alimentos y se recarguen las reservas de energía. Esto es algo que hacen los niños y los animales de forma natural y los adultos hemos perdido con el estrés de cada día.
Es importante recordar también que la alimentación es el primer vínculo que tenemos con nuestra madre y va muy unida a nuestro primer año de vida. ‘La comida está muy unida a lo emocional y por la alimentación viene dado el vínculo del afecto’ , dicen los psicólogos. En el bebé el mecanismo de succión conduce a la calma, de ahí que comer esté asociado a esa sensación.
Los expertos consideran los desordenes alimenticios como puntuales. Lo que hay que valorar es si la respuesta se vuelve crónica y preguntarnos: ¿si estoy nervioso como menos o más? A partir de ahí, hay que estar alerta para saber a qué responde ese comportamiento: ¿tenemos hambre o estamos intentando calmar un estado emocional?
 
 
Pero volviendo a la relación emocional entre nuestro cuerpo y la alimentación, es importante tener en cuenta, en el campo del ciclismo, que sobre todo aquellos ciclistas que se dedican al deporte de alto rendimiento deben prestar una atención especial a su alimentación tanto antes, durante, así como después del ejercicio. La alimentación es una clave fundamental para rendir adecuadamente tanto en los entrenamientos como en las competiciones.
No se trata de ingerir una cantidad mayor o menor de un determinado alimento o sustancia ergogénica, sino de hacerlo en la medida adecuada ajustándose a las necesidades de cada ciclista.
 
Un reciente estudio, "Preocupaciones, percepciones y hábitos en relación con el control de peso corporal en diversas poblaciones españolas", elaborado por la Universidad Complutense de Madrid y basado en el estudio de 2.168 personas, ha deparado interesantes conclusiones.
 
Una de ellas, en la que nos centraremos, es que las dietas demasiado estrictas a veces generan tal ansiedad que, para calmarla, pueden llevar a quien las sigue a comer más incluso que antes de la dieta, con lo que engorda en vez de adelgazar. Así se puede entrar en un círculo vicioso de difícil solución.
 

¿Qué podemos hacer para evitar esto?

 
En primer lugar, no emprender dietas demasiado estrictas. Hay que bajar de peso poco a poco pero de forma continuada. Además, tenemos que intentar identificar qué situaciones nos producen ansiedad para tratar de evitarlas.
 
 
Determinadas actividades, por otra parte, pueden mitigar o canalizar la ansiedad: realizar ejercicio físico (pasear, correr o nadar), hacer yoga o tai chi... Estas ocupaciones liberan endorfinas que contrarrestan la ansiedad, además de tener otros efectos beneficiosos. De esta forma, no nos refugiaremos sólo en la comida cuando estemos ansiosos.
 
 
Pero una correcta nutrición también es importante. Conviene ingerir alimentos ricos en magnesio, como los frutos secos, las legumbres, productos integrales y verduras de hoja (acelgas y espinacas, por ejemplo), ya que este elemento fortalece los nervios y calma la ansiedad. También es conveniente tomar alimentos que contengan vitaminas del grupo B, y en concreto B1, B6 y B12.
 
 
Además si cenamos proteínas animales, como carne, huevos o pescado, acumularemos aminoácidos que aumentarán nuestro nivel de serotonina, logrando así que suba nuestro estado de ánimo y se reduzca nuestra ansiedad. También lo consiguen algunas frutas, como el plátano y la piña. Ciertas infusiones pueden ayudar a tranquilizarnos, como pasiflora, melisa y lúpulo
 
Un error dietético puede provocar la caída del rendimiento debido al hambre, al excesivo calor o a los calambres.
 
 
La nutrición previa al esfuerzo busca conseguir las reservas de energía suficiente, hidratar el organismo, mantener el tejido muscular y tendinoso en óptimas condiciones. Debemos también tener cuidado con la digestión y observar las deficiencias minerales
 
Así pues, la dieta del ciclista siendo estricta y quizás algo difícil de compaginar con las costumbres y maneras habituales de la sociedad no debe convertirse en modo alguno en un detonante de la ansiedad. 
 
Tampoco debemos caer en la rutina o aceptarla como "un mal necesario" para conseguir nuestros objetivos.
 
 
Algunos consejos de lo más simples, ayudan a que nos sintamos mejor y a hacer del momento de la comida algo realmente nutritivo. Sobretodo para el alma y la autoestima. Si sentimos que la  dieta es algo negativo, antes o después acabará haciendo mella en nosotros. Si conseguimos hacer del momento de la comida, algo positivo, podemos sacar grandísimos beneficios nutricionales y psicológicos.
 
 
Así pues, según todo lo anterior, el primer paso es contar con alguien que se dedique o domine la nutrición y la dietética, en nuestro caso, alguien especializado en la practica del ciclismo. Habremos de pedirle que nos confeccione una dieta base en la que se señalen de forma clara los grupos de alimentos que debemos tomar en cada momento y antes, durante o después de realizar el esfuerzo físico.
 
 

Después deberemos tratar con el especialista que convertirá este "esfuerzo" en algo positivo: NOSOTROS MISMOS.

 
 
Como hemos dicho la alimentación está estrechamente ligada a la estabilidad emocional. El calmar un instinto primario y disfrutar con ello nos causa un sentimiento de paz y tranquilidad, pues en última instancia somos animales que buscan la supervivencia y el mayor estrés que sentimos en el subconsciente es el "miedo a morir". 
 
 
Cuando conseguimos hacer de nosotros mismos la persona que más se preocupa por nuestro bienestar, que nos cuida y nos concede algún capricho o atención especial, conseguimos sentir un aumento de la autoestima, y con ello un autorefuerzo a la hora de luchar por metas que nos proponemos y nos pueden resultar a veces demasiado difíciles y frustrantes. 
 
 
Al final el primer miembro, además indispensable, que necesitamos en nuestro equipo somos nosotros mismos, así que el que nos desvivamos par hacer de nuestra vida algo mejor no puede más que suponer sensaciones positivas, motivación y resistencia ante los imprevistos.
 
 

¿Cómo aplicamos entonces todo esto a nuestra dieta?

 
 
- No es necesario tomar siempre los mismos alimentos preparados de la misma forma de manera gris y rutinaria. 
Gracias a las nuevas tecnologías, como por ejemplo internet, tenemos una fuente inagotable de ideas para recetas, combinaciones de alimentos o utilización de especies que nos hagan cada comida algo distinto y entretenido.
 
- El abrir la mente a tomar alimentos que antes no tomábamos puede también dar con nuevas sensaciones a la hora de experimentar con texturas o colores nuevos. Además, utilizando el primer consejo, hay mil maneras de tomarlos y cocinarlos y una vez los hayamos incorporado a nuestra alimentación nos sentiremos mucho más satisfechos por tener una alimentación amplia que además ha dejado de tener tabúes y limitaciones. 
Es otro muro que poco a poco y sin esfuerzo, podemos tirar abajo, para sentirnos más fuertes y capaces de superar obstáculos. Empezar por algo pequeño como esto es un primer paso en nuestro subconsciente. ¡Todo viaje por largo y pesado que sea empieza con un solo paso!
 
 
- De la misma manera que el dar de comer a nuestros hijos, o el ver como una madre alimenta al suyo, nos hace sentir algo que teníamos olvidad, la capacidad de sustentar y cuidar de ese ser humano nos hace sentir grandes y fuertes. Así, el ser que recibe eso de nosotros se siente en su interior apoyado y cuidado y tranquilo ante posibles amenazas.
¿Por que no nos alimentamos a nosotros mismos con todo ese cariño y atención que pondríamos en los demás?
 
 
 
 
La preparación de la comida, el sentarse a comer el tiempo necesario en un lugar que nos sintamos cómodos, el poner una mesa cálida y tener algún que otro detalle con nosotros cada vez que tengamos que alimentarnos hará que disfrutemos, primero, del proceso de la elaboración de la comida y, en segundo lugar, del momento de comer. Todo el cariño que pongamos en ello lo recibiremos en cada bocado  que demos. 
 
 
- ¿Qué tal si tenemos un poco más en cuenta la presentación de los platos? ¿Principalmente cuando sean para nosotros mismos? Es un detalle que nuestra mente percibe, que nos hace sentir amados, "autoestimados", y que hace además de ese momento algo mucho más agradable.
 
 

En conclusión, cuidémonos a la hora de comer, no sólo en el contenido si no con el continente y descubriremos que podemos hacer de una obligación y una rutina un placer que calme de igual forma a nuestro cuerpo y a nuestra alma, haciéndonos al fin y al cabo más felices.

Y un ser feliz es más productivo y llega antes a la consecución de sueños e ilusiones. Por complejas que sean.

¿O acaso cuando estamos felices no nos sentimos capaces de cualquier cosa? Porque lo somos: Felices, y con una autoestima sana, SOMOS CAPACES DE CUALQUIER COSA.