HOY HABLAMOS DE CIENCIA

13.02.2018 17:46

Antes de comenzar a leer este artículo despojémonos de las ideas adquiridas por nuestra historia y quitémonos uno por uno los complejos. Bajemos las armas ante la palabra (y lo que es aún mayor, LA IDEA) SABIDURÍA. Olvidemos aquel mapa plagado de títulos y billetes y decidámonos a encontrarla más cerca de nosotros de lo que jamás esperamos. Borremos las connotaciones despectivas de palabras como ignorancia. Convivamos con nuestra incomodidad al descubrirnos humildemente insignificantes (percibirás esa sensación en tu ego en el momento que pienses leyendo este texto en ideas como pedantería, rimbombancia, etc.) y hablemos de cómo es precisamente esa cualidad, la ignorancia, el desaprendizaje, lo que puede ayudarnos a superar el oscuro ayer, salir del caótico hoy y dirigirnos a un brillante mañana.

La ciencia no es una palabra lejana escondida en un gastado bloc de una sala aislada donde se mueven sumidas en la máxima concentración unas batas blancas. El arte no es un lienzo colgado en una sala aclimatada en un museo de entrada con precio inalcanzable. La literatura no es un libro muy gordo, muy gordo de tapas de piel y hojas amarillentas en la biblioteca de una antigua Universidad. La filosofía no es una idea inteligible, inexplicable, incomprensible que flota entre el humo de los cigarros de unos hombres en la planta de arriba de un bar en Montmartre. Sólo son palabras. Palabras que nos conducen a un mismo camino. El camino del conocimiento

Hoy hablamos de CIENCIA.

Las ciencias son el camino para conocer el mundo que nos rodea. De todo lo que sabemos o hemos aprendido de lo que somos y vivimos han sido las disciplinas científicas las que nos han ayudado a encontrar las respuestas palpables a cómo hemos llegado aquí  y cómo podemos cambiar el futuro preocupante al que nuestra irresponsabilidad nos conduce.

Cuando somos pequeños y jóvenes en esta nuestra sociedad privilegiada vamos al colegio, luego al instituto y “si hay suerte”, acabamos en la universidad. Un camino en que vamos aprendiendo un poco de todo al principio y, como dice el dicho, sabiendo todo de prácticamente nada al final.

La educación y la formación deberían ser herramientas para aprender y crecer y no para producir. Pero es que incluso en este último caso en el que vivimos sumidos, está claro que el desarrollo y la búsqueda del conocimiento sigue siendo menospreciado incluso cuando está en él, ya no el conocimiento en sí mismo, sino el preciado producto, el beneficio personal o incluso comunitario. A ese punto de atontamiento hemos llegado. Por ejemplo, presentaba hace poco la “Fundación Alternativa” un estudio en el que se refleja que los países que entre 2011 y 2016 invirtieron en I+D+I  han ayudado a crear empleo de calidad. Estaremos todes de acuerdo que hoy por hoy es quizás uno de los problemas principales de nuestra sociedad, no sólo la falta de trabajo si no la baja calidad del que hay. Teniendo en cuenta este estudio es más entendible lo que pasa en España, ya que nuestro país gasta menos del 1,2 del PIB en ciencia, muy por debajo de la media europea.

Y es que la inversión en ciencia no se considera precisamente eso, inversión en el futuro, desarrollo, sostenibilidad… si no que se considera un gasto y esto es un error tremendo.

Obviamente, esto pasa con la ciencia y con todos los demás caminos que nos conducen al conocimiento. Para muestra la paulatina retirada de la filosofía del currículo académico obligatorio. Y es que “la enseñanza y la educación” que recibimos dejaron hace mucho de ser la búsqueda del conocimiento para ser simplemente una formación  de trabajadores.

En este sistema somos los y las ciudadanas quienes somos responsables de haber llegado a este punto tan preocupante de desinterés y falta de conciencia sobre la importancia de la sabiduría porque hoy todo está a nuestro alcance. Todos y todas tenemos por fin acceso a la información a través de las redes. Son nuestras elecciones las que perpetúan este sistema. Tenemos todo el poder pero estamos adormilades y si esperamos que sean nuestros gobernantes quienes promuevan nuestro despertar no abriremos jamás los ojos. Y es que los poderosos no nos quieren críticos si no conformistas. No nos quieren librepensadores si no sectarios.


Lo más curioso es que estemos tan ciegos siendo que vivimos en un mundo global, con más tecnología y desarrollo científico a nuestro alrededor que nunca en toda nuestra historia. Un mundo al que la lucha incansable de la ciencia por el desarrollo y avance de nuestra civilización nos ha traído.

Ciertamente en este mundo de hoy, esa tecnología que nos rodea, no es sólo producto de nuestros avances en campos científicos/sociales (para mí van o deben ir de la mano) sino que también se han convertido en el producto en sí. Un producto en venta y que se mueve según la oferta-demanda de una sociedad que no comprende, dormida como está y vaga como es, más allá de lo que la publicidad, las necesidades adquiridas o la vinculación del “tener” con el  “ser” en que vivimos, nos vende.

La investigación para obtener beneficio económico, la empresa, el negocio… ha hecho probablemente que se relegara la investigación altruista. O la investigación por la investigación. Sin más. Cómo búsqueda de la sabiduría. Quedando fuera de presupuestos y manteniéndola lo más alejada posible del poder, de modo que el sistema de segregación social global se mantenga como está, desigual e injusto. También insostenible. Quede pues esa esperanza, que esa insostenibilidad conduzca a la reconstrucción de nuestra civilización, como gusta soñar y nos muestra en su serie Cosmos (capítulo 11) el astrofísico Neyl Degrass Tyson, contra el futuro oscuro y tenebroso al que por ahora nos dirigimos.

Ciertamente momentos históricos como por ejemplo el que le tocó vivir y protagonizar a Clair Cameron Patterson no ayudaron a mantener la imagen de que la investigación y las ciencias en general son un gran poder, una poderosa fuerza para avanzar, crecer y mejorar como sociedad. Y es que cuando tras investigar la edad de la tierra consiguió probar la toxicidad para el ser humano del plomo, tuvo que vivir un proceso larguísimo de lucha para defender su investigación contra el ataque de los intereses económicos y los poderes fácticos de entonces, que lograron encontrar a personas, supuestamente “científicas”, que afearan el trabajo de Patterson y presentar “estudios contrarios” para mantener el negocio. Tras años de debate y trabajo incansable la tesis de Patterson se aceptó y con ello consiguió una serie de cambios y legislaciones que cambió nuestro futuro  y nos salvó de una hecatombe.

Sin embargo Patterson quedó relegado al lado sombrío de la historia, lo estudiaremos sólo según si elegimos un determinado camino y con ello profundizamos en ciertas disciplinas. Lo que sí ha quedado de aquella experiencia y aun hoy se mantiene de forma terrible y repugnante es la especulación, corrupción y prostitución de la “sabiduría” o “ciencia” en pos del negocio en muchísimos casos.

Dice Alexis Yourcenar en su blog del mismo nombre en el post precisamente dedicado a Patterson: El público mundial  prefiere siempre el romanticismo violento de personajes como el Che Guevara antes que la laboriosa efectividad de científicos modestos que salvan miles de vidas sin necesidad de discursos.


Esta ceguera social, esta poca capacidad de entender la importancia de conocer y estudiar de forma crítica y contrastada nuestra historia y nuestro bagaje en el conocimiento, esta vaguería sistémica, se sustenta a veces en esa idea insensata e  inconsciente que el sistema ha conseguido meter en nuestra programación de que la sabiduría, el conocimiento, es siempre puramente subjetivo. Que aprender y comprender el mundo no puede hacerse ya que las verdades científicas (véase ejemplo tales como el campo del medioambiente, etc.) son tantas como intereses hay detrás… A eso hemos llegado. O mejor dicho, eso hemos permitido. Porque también en nuestras manos está el proteger la ciencia de estos buitres especuladores sacándola, la que haya, de sus ricas garras.

En nuestro país el camino es aún más intrincado que en otros siendo la cuna de algunas y algunos de los mejores científicos del mundo. Hablamos de un país que por ejemplo en el nacimiento del humanismo renacentista europeo en Italia en el siglo XV vivía el comienzo del reinado de los Reyes Católicos y la instauración de la Santa Inquisición. Nuestras elecciones (por ejemplo de qué nos sentimos orgullosos, cómo resolvemos los problemas, el halago a la pillería y el desprecio a los méritos y el esfuerzo, entre muchas otras) no nos lo han puesto fácil.  Este camino nos llevó a que probablemente Unamuno tuviese razón al decir: “Es inútil darle vueltas, nuestro don es ante todo un don literario, y todo aquí, incluso la filosofía, se convierte en literatura... y si alguna metafísica española tenemos es la mística... ¿es esto malo, es bueno? por ahora no lo decido, sólo digo que es así. ... y como hay y debe haber una diferenciación del trabajo espiritual así como del corporal, tanto en los pueblos como en los individuos, a nosotros nos ha tocado esta tarea...” en sus disquisiciones en su conocida rivalidad con Ortega y Gasset.

Y es que sea probablemente esa palabra “RIVALIDAD”  la que más defina, si pudiéramos buscar el mínimo común denominador de nuestra sociedad e historia, aquella que nos definiese. Y es esa misma palabra, la que más nos ha frenado en el avance. Probablemente más que ninguna otra de la cita, e incluyo “mística”. Esto se debe a que en el país de los enfrentamientos en realidad las posturas no siempre son ni fueron completamente antagónicas si no que de ejercerse una escucha activa y humilde, desde mentes flexibles y abiertas, descubriríamos que en la suma de todos los razonamientos (los etéreos y los tangibles) se haya el verdadero camino a seguir.

Cuando se diferencia investigación, ciencia e innovación de observación o presente tenemos un problema. La ciencia es todo. Cuando se segregan filosofía, antropología, literatura, ciencia… tenemos un problema. Son todas partes inseparables del conocimiento. Y así con todas las puertas a que podemos asomarnos para saber más de nosotres mismes y del mundo que nos rodea. Sólo la suma de todas las formas de vivir, percibir y expresar la vida (y la muerte por ser coherente e incorporar a Unamuno) nos conduce a la verdadera sabiduría.

En la antigüedad en la Academia de Platón en Atenas, uno de los filósofos más famosos de Grecia y padre del Mito de la caverna (más vigente hoy que nunca), hogar de la más alta filosofía de la época (y atemporal) el objetivo era profundizar en el conocimiento y aun siendo que tomamos contacto con ellos hoy en día por primera vez desde las humanidades, en su puerta se leía la siguiente inscripción: «Ἀγεωμέτρητος μηδείς εἰσίτω» (‘Aquí no entra nadie que no sepa geometría’). El conocimiento en la antigüedad era global. Las hoy llamadas, para separarlas, esto último craso error, ciencias y humanidades, no sólo convivían si no que se apoyaban las unas en las otras. El profundizar en las matemáticas, la medicina, la biología (aunque aún no estaban etiquetadas) era complementario en el avance por ejemplo en campos como el perfeccionamiento de la retórica o la profundización en la metafísica.

Hay tantos ejemplos como queramos buscar en la historia que nos conducen a la misma conclusión. La base de la sabiduría es el pensamiento libre y crítico y el amor por el aprendizaje.

Por ello hacer las paces con las ciencias, convivir con ellas durante toda la vida y devolverles su lugar en la sociedad volviéndolas a convertir en una prioridad en nuestro sistema organizativo y económico es imprescindible. La ciencia forma parte de nuestra vida (¡La ciencia explica lo poco que sabemos de la vida!) no podemos seguir viviendo de espaldas a ella. Porque está en todes nosotres.

Que nos enseñen por ejemplo el método científico, desde muy temprana edad y no lo abandonemos sigamos el camino que sigamos, es realmente importante. No cómo hacen hasta ahora y de pasada como un conjunto de pocos pasos simples para comprobar una idea (observación+hipótesis+comprobación), si no desde el punto filosófico que amplía esta definición a todo el conjunto de técnicas racionales que podríamos emplear para llegar a un conocimiento y que podemos utilizar siempre y en cualquier caso.

Es importante porque esto nos ayudará a comprender mejor y sacar mayor partido a nuestra razón. Aprendiendo más de nosotres y el mundo tomamos conciencia de la verdad. Con lo que  ideas antropocentristas, herencias culturales y/o religiosas… dejarían de ser verdades incontestables en el inconsciente ya que cualquier idea, según el método científico, debe estar sujeta al principio de falsabilidad. Puede pues refutarse.

Y del mismo modo enfatizar en nuestra educación el principio de reproducibilidad científico nos llevaría inexorablemente a tomar conciencia de que somos sólo un “ser” insignificante que existe en un determinando punto del espacio-tiempo, quizás infinito, cuya inmensidad nos permitiría dejar de vivir desde el narcisismo y egocentrismo irreflexivo de una Baja Edad Media demasiado viva aun en el imaginario colectivo.

¿Hago un alegato de la ciencia por encima de otras disciplinas? En ningún caso. Ya he comentado que son diferentes caras del mismo dado con que jugamos en nuestra vida. Pero la ciencia debe estar más presente y contar con más ayuda y conciencia de la que cuenta hoy en día. De hecho, creo en lo más profundo y constato en mi experiencia, que los métodos científicos y las conclusiones científicas deben conducir y conducen irremediablemente a la reflexión filosófica. Siendo que en el camino, la observación (punto de partida de cualquier conocimiento o sabiduría) nos lleva también sin remedio (ni lo deberíamos querer) a la sensibilidad artística. La expresión de lo que sentimos ante la inmensidad de lo que podemos ver o imaginar cuando se nos abre el camino del descubrimiento es lo que se llama “arte” en cualquiera de sus formas. La expresión de la Piedad, la potencia de las Valkirias, la construcción de las Pirámides, las aventuras de Don Quijote… son distintas expresiones de la grandeza que somos capaces de soñar, de la inmensidad que somos capaces de percibir, de distintas formas de expresar y reproducir hechos o ideas que antes han nacido en nuestra mente inmaterial. Aunque para mí arte y ciencia es todo y está en todo. Del mismo modo que estamos hechos de esas estrellas que sentimos tan lejanas, el arte y la ciencia son, por muy fuera que nos  hayan querido convencer que están, parte de nuestro interior.

Todos y todas somos seres científicos, cuando por ejemplo mezclamos especias en una receta. Todos y todas somos filósofos cuando reflexionamos sobre nuestro futuro inmediato y los límites o ventajas que tenemos ante un proyecto. Todos y todas somos literatos cuando elegimos el nombre de nuestres hijes imaginando con ello toda una historia futura. Todos y todas somos escultores cuando envolvemos ese regalo que tanta ilusión nos hace buscando la forma de lazo perfecta.

Todos y todas hacemos cada día uso de nuestra razón. A todas horas. Entender y responsabilizarnos de cómo llego a determinadas conclusiones, de qué información permito que me llegue o busco y  cómo, por qué y dónde las divulgo es clave para cambiar nuestra historia futura.

Sólo entendiendo la importancia de lo que como especie fuimos capaces de hacer con nuestra razón, lo que somos capaces de hacer hoy, lo que pudimos aprender y conocer de nosotres mismes y el mundo, de verlo, sentirlo y experimentarlo en todos los campos arte, ciencia, literatura, filosofía (que suman sólo uno: la vida)… podremos entender que nuestro futuro como especie está en nuestra mano y que cada decisión que tomamos individualmente cambia el mundo que nos rodea, ergo el de une misme y el de todes.

En conclusión, el seguir menospreciando la ciencia, viéndola como algo lejano, elitista, demasiado complejo o inaccesible nos seguirá paralizando y DESTRUYENDO.

La ciencia es parte de nuestra historia. Es parte de nosotros. Somos ciencia. Debemos comprender la gran importancia social del estudio y divulgación en todas sus disciplinas. Debemos y podemos elegir programas de televisión, publicaciones, películas… que nos acerquen a ella. Votar opciones políticas que prioricen su cuidado y el tan necesario apoyo económico. Si nosotros no hacemos las paces como sociedad con las ciencias a través de nuestros gestos individuales no esperemos que el poder lo haga, pues mal que nos pese, éste no es más que nuestro reflejo.

La investigación salva vidas. No es un eslogan, es real. La investigación vuelve el mundo sostenible, contrarresta el cambio climático, hace el mundo más justo e igualitario. La investigación de verdad, la que nuestras científicas y científicos hacen en condiciones vergonzosas todos los días, la que deberíamos mantener con un solo objetivo: mayor conocimiento. Y para ello somos nosotres quienes debemos subvencionar, potenciar y cuidar la ciencia. Es un poder de todes. Protejámosla.

La ciencia vuelve plausibles las teorías que los filósofos imaginamos. Las matemáticas hacen posibles los proyectos sociales. La industria química salva a nuestres hijes. La física nos ayuda a entender las leyes no escritas que nos rigen y no podemos controlar. La astronomía nos dice qué somos para poder entender todo lo demás… La tecnología imprime nuestros libros y conserva nuestros cuadros, calienta nuestras casas, limpia el agua y el aire…

O podrían hacerlo. Si dejamos de poner la ciencia en manos de unos pocos con demasiados intereses y la aceptamos como parte de la razón y el ser de cada une de nosotres. Promoviéndola, viviéndola, disfrutándola y sin volver a permitir que los egos, el androcentrismo o el poder económico nos la arrebate.

Gracias a tantos hombres científicos y a tantas mujeres científicas que vivís cada día en condiciones penosas y sin más soporte que vuestra propia vocación. Gracias por luchar por seguir creciendo incluso teniendo que abandonar vuestro hogar y partiendo por falta de estima y apoyo por nuestra parte. Gracias a todes por no rendiros aun en un mundo en que os hemos olvidado. Gracias por ser ejemplares y seguir manteniéndoos a la cabeza entre les mejores del planeta pese al maltrato recibido por nuestras instituciones. Estas líneas es por y para todos y todas vosotros.