8M MANIFIESTO FEMINISTA que interpela a los hombres, 2021

12.03.2021 15:17

8 DE MARZO DE 2021 

NOSOTROS, LOS HOMBRES, ¿QUÉ HACEMOS? 

Lo primero que debemos entender a la hora de enfrentarnos al feminismo es, como casi ante todo aquello que nos supone una “alerta” emocional o de ego, es comprender que todos y todas estamos condicionados por nuestra cultura, experiencia, familia, sociedad actual… 

Es imprescindible, cuando nos enfrentamos al feminismo despojarnos pues de creencias anteriores e intentar partir de un punto de vista lo más en blanco posible. 

El feminismo es un movimiento político que surge de la desigualdad histórica entre mujeres y hombres. No las posibles desigualdades que entre individuos pueden darse de aptitudes o capacidades de un tipo u otro, si no las desigualdades que se perpetúan en un sistema que llamamos Patriarcado y que no tiene razón objetiva alguna (como ya demostraría Simone de Beauvoir en “El segundo sexo”) si no que se da por el mero hecho de nacer hombre o nacer mujer. 

El feminismo no es un movimiento que enfrenta a mujeres y hombres, antes al contrario, busca derrocar el sistema de creencias, ideas, procesos sociales, marcos legales, etc. Que colocan al hombre (como concepto) en un lugar de privilegio ante la mujer (como concepto). 

Mayoritariamente, aun hoy en un país desarrollado como el nuestro, hombres y mujeres se han creído el discurso (muy trabajado durante muchos años por el sistema de poder patriarcal) de que es lo primero. Y así, peleándonos entre nosotros el sistema se mantiene inalterable. 

Es muy probable, que llegados a este punto surjan ya las típicas frases: “es que yo en mi casa no soy machista”, “es que las bromas son sólo bromas”, “es que el peor enemigo de una mujer es otra mujer”… Sacándonos constantemente de la definición sencilla y simple de feminismo como movimiento destructor de todas las dinámicas (más o menos sutiles) que perpetúan la desigualdad y reconstructor de una sociedad que se rija por valores de igualdad entre todas las personas sean hombre o mujeres. Es inevitable que en una conversación surjan estas frases y por ello para comprender el feminismo y las necesidades de la mujer históricas y actuales es clave, tras comprender los conceptos hombre y mujer como generalidades que engloban una posición preestablecida en el mundo y para con une misme, entender otros dos conceptos extraordinariamente importantes. 

El machismo es el conjunto de aquellas actitudes, procesos, sistemas que colocan a la mujer en un estado de sometimiento, de segundo lugar, por el hecho de serlo. El machismo es violento siempre, aunque las formas en que la violencia pueden darse son muy variopintas y por ello, a veces, es relativizado. Desde una broma hasta un puñetazo, todo el machismo crea el sistema de sometimiento de la mujer, la invisibiliza, la cosifica y la limita hasta anularla. Llegando en un porcentaje sorprendentemente y dolorosamente alto a matarla. 

La misógina por otro lado es quizás la práctica más extendida entre hombres Y SOBRE TODO entre las mujeres (individuos) para con la mujer (concepto). La misógina es el odio, el rechazo, etc. a las mujeres. Es también la falta de confianza en ellas. 

Es aquel lastre que todos y todas,  sobre todo, llevamos tan interiorizado y que hace que, por ejemplo, demos más credibilidad de forma inconsciente a un periodista que a una periodista, que nos riamos con un humorista pero no con su compañera, que exijamos un nivel de rendimiento diferente a un cantante que a una cantante. Lo más peligroso de la misoginia, aquello que más daño nos hace a todos, Y SOBRE TODO a todas, es que nos deja solas. Cuando una persona crece pensando que los hombres son inocentes, bonachones, trabajadores, simples… y las mujeres pícaras, malvadas, maquiavélicas y complejas… esa persona, si es mujer, de pronto está sola. 

La misoginia es, sin lugar a dudas, el arma más poderosa del patriarcado porque intenta dividir a las mujeres. Me permito poner aquí un rayito de luz en este oscuro panorama que nos rodea, es LA SORORIDAD. Es la idea rompedora, nueva y liberadora de que las mujeres no son malas, ergo, no soy mala, no son falsas, ergo, no soy falsa, no son las culpables de todo, ergo no soy culpable. 

La sororidad es el arma más fuerte del feminismo y por eso la más atacada desde todos los flancos. Pero volviendo a retomar las ideas “machismo” y “misoginia”, la mezcla de ambas ideas que todos y todas llevamos dentro hace que identifiquemos a la mujer con la cosa. Esto es, la deshumanizamos para o bien poder abusar de ella, someterla o simplemente juzgarla para aislarla. 

Reitero aquí que estos prejuicios están presentes en toda la sociedad. En todos los estratos de la sociedad. No tienen que ver con el nivel económico, ni con el lugar social, ni el nivel académico… En esa sopa de creencias tan interiorizadas (y se demuestra que lo son en el momento que al leer este texto necesitamos irremediablemente contestar y defendernos. Eso es porque es parte de nuestra identidad. De quién somos), el feminismo se resume en la, para mí, frase más brillante dicha nunca sobre el movimiento: “El feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas” de Ángela Davis. Ya antes, la ya mencionada, Simone de Beauvoir, resumía la problemática a atajar con la maravillosa “No se nace mujer se llega a serlo”.

Es probable que ninguno de nosotros fuera capaz de negar tamañas afirmaciones y, por supuesto, no deberíamos sentirnos atacados por ellas habida cuenta que, seguro, todos abogamos por una sociedad justa e igualitaria. Sin embargo surge constantemente la respuesta visceral. La inquietud interna de que tengo que decir que yo no soy así, que ellas son, que mi ex era o que mi hijo será. 

Toca callarse. ¿Por qué el feminismo es una verdad universal e incontestable? Bueno, depende a quién le preguntes. Ahora bien, lo que sí es el feminismo y ha ido demostrando a lo largo de toda su historia es que es un movimiento que te quita vendas de los ojos, con el que se aprende, crece y un movimiento que aúna a las personas. Cuando pido toca callarse no pido silencio.

 El feminismo nos interpela a todas y todos. También a los hombres. Nos interpela para que nos tornemos proactivos, constructivos y que consigamos ver más allá en ese escenario que nos viene dado y en el que nadie, más que nosotros mismos, nos impide levantarnos de la butaca y darnos una vuelta por el backstage. Nadie parece capaz de ver el backstage de Turandot mientras Calàf canta el Nessun Dorma, pero se puede. Y eso es el feminismo.

Hay que conseguir desviar la mirada, hacerse con un oído selectivo y, pese a lo a gusto y bien que estamos oyendo esa área cómodamente sentados en nuestros acolchados y aterciopelados asientos… levantarse, caminar junto al escenario y mirar detrás de las cortinas. Esa es la verdad del mundo. Eso es lo que hace que la ópera siga, todo eso que no podemos ver, que no hemos visto nunca. Que no nos dejan ver. Por ello, hasta no asomarse ahí es mejor mantenerse prudente en los juicios. 

Pueden hacerse hipótesis, pueden tenerse ensoñaciones, pero sabemos que eso es todo lo que son puesto que la verdad es inexorable. Es objetiva. Es plausible. Hay que probarla. Ciertamente no existe una sola verdad. Igual que no hay un solo trabajador tras el telón. Está la realidad de las costureras, de las limpiadoras, del carpintero, de la diseñadora, del peluquero, de la maquilladora. El feminismo es un movimiento vivo que nació para liberar. Un movimiento riquísimo lleno de las más variadas opiniones, casuísticas, problemáticas… que ha sufrido en sus consecutivas “olas” fuertes muchísimos debates internos. 

Suele hablarse en feminismo, reduciendo mucho y por supuesto entendiendo que la historia no es lineal como nos enseñó Feaucoult y es mucho más amplia de lo que alcanzamos a ver y varía absolutamente según el waypoint, de tres olas que se diferenciarían en lo esencial en el núcleo de la lucha feminista. 

La primera fue la lucha sufragista, la mujer quiere obtener poder y para ello necesita poder elegir y verse representada en los diferentes poderes. Dentro del sufragismo también había posturas encontradas dentro del feminismo y es que éste, no es sólo una retaíla de leyes que aplicar si no una reflexión profunda sobre lo que se ve, se siente y se vive y, sobre todo, sobre lo que no vemos pero vivimos. Sirva de ejemplo el debate entre Victoria Kent y Clara Campoamor cuando el sufragismo llegó a España. 

La segunda ola fue la que de mano de de Beauvoir nos trae el concepto lo personal es político. A partir de esa idea la mujer comienza a querer reapropiarse de su cuerpo. Surgen ideas encontradas también aquí, habida cuenta que temas como el aborto, la píldora o la libertad sexual chocaban firmemente con los dogmas religiosos que impregnaban (como hoy) todo. De nuevo opiniones diferentes y diferentes realidades puesto que cuando algunas mujeres puede comenzar a decidir una parte de su vida personal y accede al poder público, ¿qué pasa con aquello “personal” que eran los cuidados, el sometimiento al hogar, la familia y el esposo? Surgen aquí las luchas feministas negras, las americanas, etc. La clase, ese otro invisible que nos mantiene a todos bien pero bien atados. 

La tercera ola pues, contiene toda esa diversidad de casuísticas. El feminismo negro, el feminismo de las mujeres árabes, el ciberfeminismo, el ecofeminismo, etc. Todos ellos imprescindibles, reales y cargados de razones luchando al final por una sola idea común: TODAS LAS PERSONAS SOMOS IGUALES. Es por ello quizás que el feminismo también apoya y acompaña a otras luchas por la igualdad y la rehumanización de la persona y la reconstrucción de la tribu como espacio seguro, entre ellos las luchas de los movimientos LGTBIQ+, el animalismo, etc. 

Entonces, ¿por qué el feminismo no se llama igualitarismo ni igualdad? Porque el sujeto político es la mujer. La historia, las leyes, las religiones, las costumbres, las modas… están ahí para constatar que hoy, siglo XXI en un país privilegiado blanco, la mujer sigue siendo el segundo sexo. Ni siquiera en los países con leyes igualitarias la igualdad se consigue porque depende de demasiado factores demasiado bien difuminados entre ideas engañosas de “libertad”. Baste recordar que la igualdad legal y la igualdad real son cosas bien distintas, como seguro somos capaces de ver cuando hablamos de racismo o de clasismo o de homofobia. Ahora bien, no creo que nadie pueda con acierto absoluto decirle a otro qué es, cómo acercarse a o cómo vivir el feminismo. 

Creo que si uno mismo no está dispuesto a perder “la razón” (en una sociedad dónde la validez de un apersona depende de qué tiene, siendo la misma sociedad donde lo único que todos y todas podemos tener por igual es “la razón”) es muy complicado desprenderse de ella y vivirse, como decía Sócrates, conscientes de nuestra ignorancia para que así, por fin, todos los caminos sean posibles. 

Si por casualidad todas esas mareas de mujeres en las calles, esa protestona en el grupo de whatsapp, esa cuñada que no se calla en ninguna comida, ha conseguido que nos planteemos ¿qué está pasando? 

Lo mejor que creo que podemos hacer es callar y mirar a nuestro alrededor. ¿Cuántas mujeres hay en puestos de poder? ¿Cuántas personas creen que las mujeres son más malas? ¿Cuántas periodistas famosas? ¿Cuántos libros escritos por mujeres hay en tu biblioteca? ¿A cuantas mujeres de la historia de la humanidad puedes nombrar? ¿A cuántas mujeres escritoras recuerdas? ¿Cómo se ve a la mujer en la publicidad? ¿Qué tipo de productos se ofertan para ellas? ¿Qué contienen las “revistas femeninas”? ¿Por qué no vemos el deporte femenino? ¿Por qué ellas ganan menos? ¿Por qué renuncian antes a su vida profesional? ¿Qué pasa cuando aparece en el seno de una familia la reproducción? Solemos creer que el mundo es el hoy en que vivimos nosotros, en nuestra minúscula realidad de nuestro minúsculo hogar, cuando en realidad nuestro hoy es sólo un efímero instante que entrelaza todo lo que sucede en el pasado, en nuestra vida y la de los demás, para seguir tejiendo la misma soga imparablemente durante el futuro.

Así pues y como conclusión, 

¿Somos los hombres capaces de entender el feminismo? Claro, como entendimos que los rayos no son enfados de Zeus, que el hombre no apareció de un bulto de barro, del mismo modo que aprendimos que podíamos tener el mundo entero a un solo click: 

CON HUMILDAD Y QUERIENDO APRENDER.

Oyendo y leyendo a quienes saben. Debatiendo. Deconstruyendo nuestro ego. 

Disponiéndonos a que nuestro mundo entero cambie. 

 

La pregunta no es si podemos, la pregunta es ¿queremos hacerlo? Eso sí, da igual la respuesta, decidamos lo que decidamos hacer somos responsables del presente y el futuro. Somos parte viva y activa del mundo en que vivimos. Todos. De un modo u otro. Somos irremediablemente responsables.