¿QUÉ ES TU BICICLETA?

05.03.2020 10:36
Muchas veces la velocidad en que vivimos el día a día no nos deja apreciar dónde estamos aquí y ahora. El momento concreto.
 
La mayor parte de las personas que vais a leer este artículo tenéis una o varias bicicletas, ¿cuántas veces al subiros en ella pensáis en qué son? No me refiero a qué marca o qué componentes tiene, a qué le toca cambiar o qué nos gustaría sustituir, me refiero a QUÉ SON.
 
Hoy, en cierta parte de nuestro mundo, en nuestro vagón del “Snowpiercer” para entendernos, una parte aun pequeña de nosotras vivimos las bicicletas como un medio de transporte saludable y ecológico para movernos por ejemplo por nuestras ciudades, una forma responsable de desplazarnos. O bien muchísimos de nosotros tenemos bicicletas específicas para entrenar o realizar actividad física, desde bicicletas de carretera de más o menos valor económico a Btts con o sin motor. Muchas personas, muchas, tienen de hecho ambas. Incluso hay quien además tiene la de BMX, la de CX, la de pista…
 
 
Las bicicletas son una forma magnífica de mantenernos activos, de conectar con la naturaleza, de sociabilizar, de ocupar el tiempo en algo constructivo y no tóxico, etc.
 
Y eso es genial. Es realmente loable que una sociedad avance hacia unos hábitos de vida más sanos y que además repercutan de forma positiva en el medioambiente y en la transmisión de valores a las generaciones siguientes. 
 
Sin embargo, al haber incorporado de forma tan desorbitada la bicicleta a las leyes del mercado puede que hayamos olvidado un poco pensar en que esa actividad que nosotros hacemos por placer, por disfrutar, superarnos o compartir, en sus más de 200 años de historia ha alcanzado distinta trascendencia según el lado del muro de la desigualdad en el que estemos. 
 
Amamos la bicicleta y por ello queremos intentar potenciar una reflexión global sobre qué podemos hacer desde el mundo de las dos ruedas para mejorar el de todos y todas. Para ello queremos hacer el ejercicio de tomar conciencia de la vastedad que se esconde tras la bicicleta. 
 
Os dejamos unos recortes que mejoren nuestra perspectiva:
 
FUNDACIÓN VICENTE FERRER:
“Una de las causas más comunes de abandono escolar en Anantapur es la distancia existente entre hogares y escuelas: un 56% de los jóvenes del distrito vive a una distancia de entre dos y tres kilómetros del colegio más cercano, y un 41% lo hace entre siete y nueve. Las principales dificultades para afrontar la longitud del trayecto son la ausencia de transporte público, la inseguridad del camino y la falta de recursos económicos, factores que impiden dar prioridad a la educación. Las 16.522 bicicletas que la Fundación Vicente Ferrer (FVF) ha repartido entre 2007 y 2015 han acortado las distancias y, gracias a ellas, muchos jóvenes de 12 a 19 años que dan continuidad a sus estudios, así lo demuestra un informe de impacto que ha realizado la FVF para evaluar los resultados del proyecto. Las bicicletas han beneficiado sobre todo a las chicas, pues el índice de abandono escolar femenino ha menguado desde que se distribuyen bicicletas de un 40% a un 4%.”
 
BICIS PARA LA VIDA
“La posibilidad de tener un taller de recepción y reparación de bicicletas que ofrezca formación profesional en régimen de centro ocupacional a personas con discapacidad.
La donación de bicicletas reparadas en el taller a colectivos en situación de exclusión social, tanto en España como en el extranjero mediante programas de cooperación al desarrollo debidamente justificados.
La movilización de recursos de particulares e instituciones para hacer de “Bicis para la Vida” un programa solidario y sostenible en el que se pueda colaborar tanto puntual como permanentemente con el fin de desarrollar una cultura de cooperación y fomento de la ayuda mutua.
Contribuir a difundir en la sociedad una cultura de uso de la bicicleta tanto como elemento de transporte limpio y ecológico como de ocio.
CAMINS PER ANAR A L'ESCOLA
El camí per anar a l'escola de l'Olivier, la Marie i la Véronique
L'Olivier, la Marie i la Veronique són tres germans malians que viuen amb la seva família a 15 quilòmetres de Bamako, la capital del país. Tot i la proximitat de la gran ciutat, viuen en un entorn aïllat, que cada dia els obliga a fer un recorregut d'una hora amb bicicleta per anar a l'escola.
 
EL NIÑO QUE DOMÓ EL VIENTO 
El niño que construyo un molino con una bicicleta (Ecocosas) PELÍCULA disponible en Netflix
“A pesar de no estar escolarizado, William no carecía de ingenio y ganas de aprender sometido, desde que tenía uso de razón, por el instinto de supervivencia.
Abandonó la escuela pero devoraba las revistas y los viejos y carcomidos libros que alguna ONG depositaba en el club social de la aldea.
A sus manos llegó un ejemplar de una publicación educativa de ciencia que explicaba como convertir el viento en electricidad. Manos a la obra. Era septiembre de 2002.
Con una vieja bicicleta, el ventilador de un tractor abandonado, gomas, madera de eucalyptus y los desechos de agricultores vecinos comenzó a construir el primer aero-generador particular de todo el país.”
 
Hay infinidad de historias donde la bicicleta deja de cargar con el lastre de la estética, del marketing, de la competitividad exacerbada… y pasa de ser más o menos cara a tornarse valiosísima, más que valiosa, fundamental para la vida.
 
Quisiéramos con este manojo de ideas propiciar que profundicéis en cada una de las historias y que además sirvan de punto de partida para ir más allá y buscar, ver y comprender vuestra pasión, la bicicleta, mucho más allá de lo que la miopía propia del mundo líquido, como lo llama Bauman, en que vivimos nos permite ver. 
Pasamos la vida queriendo viajar, ver, oír, sentir… de primera mano las vidas de otras personas, las culturas de otros pueblos y sin embargo no trabajamos la imprescindible permeabilidad emocional Y RACIONAL necesarias para aprehender esa información. 
 
Hoy en día os escribo esto en el teclado de mi puerta al infinito. No he ido a India, no he ido a África y no tengo ningún familiar o amigo/a cercano con capacidades especiales. 
 
Pero puedo desde aquí razonar y pensar. Puedo mirar la bicicleta que tengo delante y darme cuenta de que lo que para mí no es más que un hierro que ha quedado pequeño a mi hija es en realidad un arma de autodefensa para tantas y tantas otras niñas de muy lejos (o no) en el plano material pero que a un golpe de click puedo leer o ver en esta pequeña pantalla de fósforo, plomo y mercurio.
 
Y así aprendí que cuando una niña tiene que desplazarse un montón de kilómetros para llegar a la escuela, no va a la escuela. Los caminos andando se hacen agotadores a la par que suponen un riesgo real para sus vidas: violaciones, animales peligrosos, mafias, terrenos escarpados… Un porcentaje vergonzosamente alto de niños y niñas no van a la escuela porqué no tienen forma de llegar. 
 
Es cierto que quizás muchos, mayormente muchas, de ellas acaben dejando los estudios según crezcan en muchas culturas brutalmente machistas, pero justo es en esas culturas donde que una chica pueda leer (por ejemplo) puede ser la diferencia entre sentir que puede ser todo o seguir sintiendo que no se es nada. 
 
En demasiada extensión de este planeta no hay recursos (por nuestra usurpación mayormente) para autobuses, carreteras, colegios públicos, material escolar… Y aun así personas como Wangari Mathai o Malala pusieron voz a esas necesidades. Y cada día el activismo de cada uno de esos focos de dolor y desigualdad intenta seguir gritando. En campos de refugiados, en conflictos bélicos atroces y en tantos y tantos lugares por donde la humanidad sangra sin darnos cuenta de que a base de ignorar la herida la infección acabará con todos y todas. 
 
Ciertamente a día de hoy habida cuenta que los números que tenemos en nuestra propia casa, indicados en el último informe de la ONU de Philip Alston que definió España como un país rico cuya población vive en la pobreza generalizada, hablar de las necesidades de lo que hay más allá de nuestra nariz puede parecerle a muchos atrevido. En el mejor de los casos populista o buenista. Y es mucho más que probable que como privilegiada que aún no ha sufrido cortes de suministros, he podido pagar la hipoteca, tengo un coche, no me ha faltado de comer, llevo a mis hijas a un buen colegio público y tengo tantas visitas médicas como necesito para mis más que dispares diagnosis de salud, pierda de vista la urgencia y la gravedad que para otras personas de mi entorno más cercano supone el día a día. 
 
Es verdad. Pero no es menos verdad que lo realmente penoso es  que nos hayan convencido a todos que lo anteriormente enumerado son privilegios. Que nos hayan hecho separarnos, odiarnos, envidiarnos entre quienes deberíamos ser cooperantes en el bienestar general y el objetivo de igualdad. Es triste que nos adjudiquen derecho o no a la dignidad por dónde hemos nacido, ya sea país o familia o si tenemos la piel de un tono u otro. 
 
Y aun así entiendo que es difícil, mucho, prestar atención a lo que hay mucho más allá cuando aquí mismo escuece la sarna de la injusticia, pero la solución de ésta no puede darse sin la de aquella ni al revés. En el mundo interconectado de hoy donde sólo hay una única cosa global, el mercado de consumo, es muy importante comprender que todos y todas incidimos en las demás personas. Todos los países inciden en los demás. "Haciendo" o  por "dejadez de acción" no es diferente. Al fin y al cabo igual de culpable es el maltratador que golpea que el amigo que se hace el ciego y sordo ante el maltrato. 
 
Es por ello que cuando revisamos quién somos y qué hacemos en el día a día y, volviendo al principio del texto, qué es aquello que tenemos en las manos, podemos elegir que pequeños gestos cotidianos que hacemos normalmente tomen un cáliz más consciente y responsable en el hoy aquí, que cambiarán el mañana y no sólo ese aquí si no también el allá.
 

Volvamos a las bicicletas y veamos como a unos kilómetros de aquí un ciclista profesional conocido por todos, “Alberto Contador” desarrolló e implementó la idea de una fundación cuyo objetivo es, A TRAVÉS DE LAS BICICLETAS donadas, propiciar un lugar de encuentro y desarrollo personal y laboral a personas con capacidades diferentes (por ejemplo en el núcleo del proyecto, un taller de reparación y puesta a punto) y distribuye posteriormente y de forma GRATUITA esas bicicletas a colectivos desfavorecidos y dentro y fuera de las líneas imaginarias que llamamos fronteras. 

Ese “hierro de mi hija” hoy ha sido recogido sin coste por Seur con destino la Fundación y hemos pensado que era el momento de compartir con vosotros la experiencia, lo aprendido, lo pensado y lo sentido estos días desde que, a causa de la inscripción en la prueba “Ruta Minera 2020” mirásemos otros modos de ver la bicicleta como mucho más que un objeto de consumo. Verla como un vehículo, una necesidad, una protección, un colegio, una tienda, un trabajo…
 
En la Ruta Minera la donación es voluntaria, a parte de la que la propia prueba realice, y va directa a la también mencionada en este texto Fundación Vicente Ferrer. Cuando este año elegimos el calendario deportivo tuvimos en cuenta intentar poner luz también sobre alguna prueba que trabajase con la intención de ayudar a la población de  la India. Además de lo sobrecogedor que fue para nosotros en el pasado año el documental “True Cost”, leímos también en las fechas navideñas la historia de “Sunitha” de Nuria Esponella. 
 
En ese libro leímos una frase que no podremos olvidar: 
En una de las charlas a mujeres que se dan desde mujeres activistas de la fundación a pequeñas poblaciones, la oradora toma una sólo hoja de palma y les pregunta a las mujeres qué pueden barrer con ella. Su respuesta es NADA. Entonces toma un manojo, lo ata a modo de jahru y lo muestra a las mujeres preguntándoles “¿y ahora?” 
La importancia de la comunidad de mujeres y el empoderamiento de éstas comienza obviamente en el acceso que puedan tener a la educación, puerta que les abre la posibilidad de aumentar su mundo y sus posibilidades abriendo su mente y adquiriendo las poderosísimas herramientas que son la lectura y la reflexión. 
 
Para ello, en países como India, aunque haya fundaciones, ongs (o incluso en el caso de que algún proyecto estatal bienintencionado y dotado económicamente pudiera hipotéticamente, llegar a expandirse lo suficiente), en ningún caso podría llegarse a la mayor parte de los pequeños pueblos, aldeas o familias diseminadas por un territorio enorme a la par que con dificultades tremendas en las comunicaciones, transportes, etc. 
 
Por ello en cualquiera de los casos es esa infancia invisible y escondida en pequeños núcleos la que debe trasladarse normalmente a la escuela. Y es esa infancia la que tiene un camino demasiado largo, duro y complejo para poder no sólo acudir si no mantener el hábito el tiempo suficiente para terminar la formación más básica.
 
Y es que la infancia invisible es una expresión falaz habida cuenta que los niños y niñas más desprotegidos en países como India no son invisibles si no que somos nosotros quienes no queremos verles, hacemos lo impensable por no ver ni pensar en lo que tenemos delante, sin entender que no preocuparnos por que toda la infancia tenga derecho a la educación y a la vida segura les deja al acecho de aquellos que no sólo los ven si no que los buscan incansables.
 
El pasado 2019 con motivo de las reivindicaciones en el "día de contra la trata" leíamos que India es el país asiático con más tráfico humano para la prostitución/violación/abuso y Bombay es una ciudad clave, donde los 40.000 menores que viven en la calle son las primeras víctimas potenciales de estas redes mafiosas, engrosando las cifras de los que son captados por otras vías. Pero quienes esytán tras los números que faltan hasta llegar a los 180.000 menores que se explotan sexualmente son esa infancia que no pudo seguir estudiando para crecer, realizarse y mejorar sus propias comunidades. Eso perpetua que se mantengan como focos de pobreza donde por a penas una limosna las mafias pueden comprarse niñas con engaños de empleo para aumentar el mercado de violaciones infantiles que India, entre otros países, lidera y que, por cierto, nuestros vecinos consumen. Nuestros vecinos blancos y occidentales con traje y corbata.
 
Pareciera que hablo saltando de una cosa a otra sin sentido y sin hilo conductor, sin embargo… En Bamako , en Malí, hay tres hermanos y dos bicicletas para ir a la escuela. Y van. La alternativa no es más que el abismo.
 
Cuando William en Malaui ve una dínamo de una luz en una bicicleta comienza su camino autodidacta y es gracias a la bicicleta, primero que su familia tiene movilidad e independencia y después que logra construir un pozo para su comunidad. 
 
En India, las niñas que acuden a su escuela veloces ya no tienen que aguantar los asaltos de quienes las esperaban en el camino. Están seguras y fuertes y saben que quieren llegar al colegio por que es la puerta de la libertad.
 
Sunitha no renuncia a ella y es descubriéndose y empoderándose como inspira y motiva a otras mujeres de su comunidad a seguir adelante.
 
Que existan fundaciones como la Alberto Contador que haga posible que nuestras porpias bicicletas lleguen a todos esos lugares transformándolas en algo más de lo que nunca pensamos. Además siendo arregladas y preparadas por personas a las que también se las llaman invisibles, discapacitadas, inválidas... pero que son capaces, extraordinariamente brillantes,  para muestra este mismo botón, y bregan cada día por cambiar el mundo DE TODOS a mejor. No debería hacernos pensar a quienes se nos supones capacidades normativas, ¿qué estamos haciendo con ellas?
 
Este texto, como veis, pretende ser una reflexión, hagámosla entre todos. Y volvamos al principio:
 

¿Qué es tu bicicicleta?